jueves, 10 de junio de 2010

Bajo las estrellas, Noches de primavera -Adivi y Volâvî-


“Era fácil entregarse al bosque en una noche de primavera, perdido en los páramos bajo la luz de la luna. Encontrarse, a veces, con el inconformismo de la conciencia y extrapolar la visión de lo que nos rodea, debatirse en la percepción y observar el entorno, sentir, escuchar y por qué no, volar, hasta dirigirnos hacia un claro donde poder ver miles de estrellas y sentirse insignificante”

— Déjame ser como tú, Volâvî*, y te demostraré de lo que soy capaz. Dices que es fe, pero ese fuego te ha quemado la mano, no me demuestras nada.

— Espero recuperarme, Adivi**. Para ti es fácil creer sólo en lo que estás viendo y convencerse de que no hay nada más. Pero aunque veas las heridas en mi mano no significa nada. Podemos ir juntos, como otras veces, y cruzar el bosque.

— Volâvî, y que todo sea la misma "cosa". Ni soñarlo, ahí afuera no se ve nada.

— Siempre se puede ir mucho más lejos. Continuó Volâvî — Algún día sabrás de lo que te hablo.

— El fuego se está apagando y no te has dado cuenta. Señaló Adivi. Y aquí hace demasiado frío como para estar toda la noche.

— Adivi, el miedo nunca te deja volar. Dijo Volâvî.

— Prefiero estar cerca del suelo, y no estar cayendo continuamente.

— ...Y conformarse con esta lumbre y mantener el calor eternamente — Sin ser eternos, claro, esto es un decir. Corrigió Volâvî. — Nos rodea la oscuridad fuera de lo que alumbra este fuego, pero hay mucho más, aunque aparente no haber nada.

— Si pudiese verlo por tus ojos... Sé que me engañas. Dijo Adivi — Yo veo estas ramas, están secas y muertas, sólo valen para esto, echarlas al fuego — Mira, ahora parece que se aviva puedes meter la otra mano y hacer como si nada — insinuó maliciosamente Adivi.

Volâvî se levantó y echó tierra en el fuego hasta apagarlo.

— Sólo hay que acostumbrarse — Dijo Volâvî.

— ¡Qué has hecho! Este bosque está lleno de bestias, tenemos que hacer algo— decía Adivi mientras intentaba recuperar el fuego de la hoguera.

— Hay que ser paciente, y percibir una parte de lo que nos rodea para darse cuenta de que el fuego era innecesario. Incluso tu fuego hacía que todo lo que nos rodea parezca un abismo.

— ¿Y qué es la oscuridad sino un abismo? — Increpó Adivi.

— Demasiada luz produce ceguera y creer en lo que no ves no es cuestión de fe, pero siempre te asalta esa razón y por mucho que te dejase ser yo nunca te darías cuenta...

— Volâvî, cuenta de qué, otra vez volverás a perderte en la oscuridad o desaparecer como una hoja en la corriente de un río — Decía exaltado Adivi.

— Esta luna alumbra más que tu fuego, y ahora ya puedes ver en la oscuridad que nos rodeaba cuando estaba tu hoguera. Un círculo de luz demasiado pequeño para una oscuridad tan grande– Comentaba pausadamente Volâvî.

— De acuerdo – Dijo Adivi, mientras miraba a su alrededor.

— Cerca de aquí se ven más estrellas ¿Puedes sentirlas? Preguntó Volâvî.

— Puedo verlas titilar en el cielo.

— Adivi, prueba a observarlas con los ojos cerrados y dime si no ves muchas más estrellas, incluso más cerca de ti –

— Lo que dices es imposible, y de un momento a otro tu y yo seremos devorados si no salimos de aquí –

Volâvî permaneció en silencio durante unos momentos – Caminemos en la oscuridad — Inquirió. – Aquí no hay más que árboles y algunos animales que nos observan desde hace mucho tiempo, aunque no te hayas dado cuenta, el bosque nos observa, tanto de día como de noche.

— Aunque brille la luna, algún día dejará de hacerlo, y cuando tu no estés no podré caminar por las sendas oscuras sin perderme — ¿cómo puedo soltear un árbol sin verlo o no caer por un precipicio, o sentir las estrellas cuando el cielo esté tapado por las nubes? — Mantuvo Adivi.

— La luz que te guía puede hacer que te pierdas, y el viento que arrastra las nubes te llevará hasta las montañas, y tus pasos resonarán cuando estés cerca de un precipicio— En cambio, si sólo andas por caminos que has recorrido anteriormente dejarás de apreciar demasiadas cosas – Continúo Volâvî —Todo se une entre sí, es la interdependecia de todo. El cielo se une con la tierra y todo depende de todo a su vez—

— Y sin nosotros este bosque dejaría de existir… —Continuó vagamente Adivi.

— Alguien vendría el cualquier momento, o seguirá exsitiendo para el viento. Sólo se puede hablar de la eternidad del cielo, pero incluso el cielo es cambiante —Sostuvo Volâvî.

— Todo cambia menos tu comprensión —Si alguien te descubriese en el bosque, Volâvi, le sorprendería ver a un ciego hablar de tantas cosas.

— Pasará mucho tiempo hasta que alguien venga a este lugar.

— Vayamos al claro, ahí yo veré más estrellas —apuntó Adivi.

— Te enseñaré a mirarlas como lo hacen ellas — Finalizó Volâvî.

Juntos marcharon hacia un claro donde un río de agua helada y cristalina parecía haberse detenido a mirar las estrellas mientras que una delicada brisa acariciaba la tierra. Volâvî volaba con su mente hacia otro mundo sensitivo apenas visible para Adivi, hacia la visión interior, la vacuidad armónica de la vida. Una especie de música que Adivi podía escuchar cada vez más cerca, y que algún día encontraría.


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*Volâvî: Volar
**Adivi: Dirigirse a; acercarse a.

1 comentario:

  1. Gracias por el comentario y por la invitación. Lo visitaré encantado.

    Hasta pronto.

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