viernes, 27 de agosto de 2010

Dos

Espero por comenzar una vida donde despertar con el olor a lluvia, a tierra mojada. Por escribir la historia hacia adelante, invertir el tiempo, inventar un camino al pasado. Sí, me invento la vida, la vida que se me escapa entre las manos mientras intento sorber de ella, y ella se escapa, se muere por huir de mi garganta, por descender por los dedos y saltar desde mi piel para caer y desaparecer en el vacío. En el vacío del mundo y del tiempo. Pero también veo la vida en las miradas perdidas, en los ojos negros infinitos, ojos de ciudades, de metro y de coche, ojos de plástico de industria, de fábrica y carretera. No, espera, aquí hay que detenerse, se dice: re/inventar pero también reintentar, atrapar una vida que lleve gotas de infinito y buscarla hasta agotarse. Pero debilita arrastrarse y lanzar una mano al aire para después darse cuenta de que no hemos atrapado nada, una y otra vez; y mira, aquí he encontrado un pedacito de ella, si miras bien puedes verla, entonces se esfuma en ese instante que dura un parpadeo y es como señalar algo queriendo que otros lo vean pero al final termina por desaparecer y sólo lo has visto tú.

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