Atardecer, eternamente te esperaría, eternamente te miraría.
¿Qué hasta donde llegan tus resplandecientes caricias?
Sería por ti el guardián de tu luz, de tus sombras.
Y atardecer de atardeceres contemplaría.
Que cierta es la espera, si son tus brazos dorados los que me atrapan,
Y no hay tiempo más largo que un segundo de tu belleza,
Y en el nacer de los horizontes aguardo, quieto y expectante como las nubes,
La sutileza de tu reflejo, como el mar, como los lagos, evaporándonos y evaporándose la vida.
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