Escuché el chasquido de un mechero, y de pronto, a mi derecha, una llama en las manos de un escritor
encendieron un cigarrillo. Por momentos, la habitación se iluminó con
el centelleo de una llama, pero pronto todo volvió a estar oscuro y
sólo pude percibir ese olor de los cigarros recién encendidos cuando
emanan un humo que lo hacen misterioso en la primera calada. Una
atmósfera extraña invadió este pequeño cuarto, la habitación se fue
llenando de humo, alguien a mi derecha respiraba sentado, mirándome,
fumando tranquilo en las sombras que envolvían su persona. Escuchaba
mover sus brazos a cada calada que consumían el tabaco como se consume a
cada segundo el tiempo que habita en esta pequeña porción de mundo. El
escritor apagó el cigarrillo. Lo tiró al suelo y después lo pisó sin
apenas levantar el pie. De repente escuché su voz.—Soy Jack —dijo el
desconocido—. De súbito, mi corazón se aceleró por esta visita
inesperada, me incorporé y busqué a alguien, pero al escritor lo
envolvía la oscuridad del rincón de la habitación, una oscuridad que
parecía dominada por su persona, un anonimato que él mismo controlaba.
—Soy Jack, Jack Kerouac ;—escuché de repente, su voz sonaba grave
surgiendo desde aquella parte de la habitación donde no podía verle.
—¿Qué tal estás? —dijo inonfesivamente. Entonces pude sentir en todas
las paredes una leve sonrisa que se manifestaba cada vez que hablaba.¿Dónde
venden aquellos cigarrillos sin marca que tomaba prestados Dean? —dijo
Jack, añadiendo… —¿Saldrán las estrellas esta noche?Me
decidí a coger la última botella de vino que le quedaba a mi padre en
el armario, era un vino español, esta vez no podíamos disfrutar de los
borgoña que deleitaban los paladares de Jack y Mardou. Cogí las únicas
dos copas que tenía y las subí pensando si a mi padre no le molestaría
ver evaporarse esta última botella, después de todo daba igual, pensé,
mi padre es como Bukowsky.El humo del
tabaco recorría la casa, se filtraba bajo el estrecho hueco que queda
entre el suelo y la puerta cerrada. Podía verse en esa línea de luces y
sombras que habitan bajo la puerta la silueta de alguien que se mueve al
otro lado, la presencia de un ser que sólo conocía por sus libros y que
ahora estaba allí, al otro lado de la puerta. Hice ruido antes de
entrar para no asustarle, giré el pomo de la puerta y entré despacio en
la habitación con la botella de vino y los dos copas que puse encima de
la mesa. Las llené hasta arriba y me senté. Apenas veía la forma de un
cuerpo. Lo escuchaba, lo podía oler y sentir, pero la negra niebla tras
las que se ocultaba no me dejaban verlo.Jack
tendió una mano para coger su copa, mientras con la otra mano sujetaba
un cigarrillo sin marca encendido. Yo cogí mi copa llena de vino y como
él, empecé a beber.Su silla era giratoria y
en las sombras empezó a tambalearse, yo miraba, apenas veía un cuerpo
moverse rápido y envuelto en una opacidad incierta.Jerez californiano y cigarrillos italianos liados, el mejor camino es el que tomas cuanto antes.Dijo, después se
puso en pie y el sol que entraba por la ventana le iluminó su cara. Era
joven, iba bien peinado y con una camisa color caqui. Permaneció
mirando hacia la luz. Sus ojos eran azules y las pupilas eran dos puntos
minúsculos que pensativos sujetaban en una mano la copa de vino y en la
otra su cigarrillo encendido.Al
parecer, ahí afuera el día era soleado, unos días de otoño de
atardeceres rojos donde se levanta un viento que azota a todo lo que
encuentra en las calles.¿Qué pretendes hacer? —dijo dirigiéndose a mi Aparentas
un encerado color de piel, el sol de otoño es radiante ahí afuera ¿Qué
harías si tu vida durase 48 horas? Hay que quitarse el maldito pijama,
tenemos que encontrarnos allá en las calles, libres para ir donde
queramos y no ser criaturas extrañas encerradas ¿No tienes dónde ir? ¿No
sabes qué hacer o dónde guardar todas tus cosas? —Se mantuvo unos
segundos en silencio.—Mirándolo bien, podríamos partir mañana.— dijo sin más.Sería
tan hermoso irnos ahora mismo —dije— Partir hacia cualquier lado.
Recorrer la ruta 66, Dean, el Cadillac y los coches que a él le gustaba
conducir ¡Sería estupendo!Pero
en el fondo preferirías esperar hasta que… ¿entiendes? —dijo Jack. Y yo
entendía perfectamente lo que decía. Él sin decirlo se refería a mi y a
esta habitación como las paredes que encierran algo que rápidamente hay
que descubrir. La eterna excusa, eso es.
¿Partir mañana mismo?Perfectamente podríamos partir, estamos hablando de que… sólo me quedan 18 euros —dije.La
aventura es hermosa —dijo Kerouac.—Y el cielo para muchos siempre es
gris ahí afuera, pero los días de lluvia, las mañanas soleadas de los
sábados donde las chicas pasean por el mercado, la primavera, el otoño,
la primera semana de invierno. Todo es hermoso, y está ahí, tras esa
ventana.No podía saber si habían
salido o no las estrellas estas noches. Ni cómo era la luna, ni saber si
algo había cruzado el cuadradito de cielo que como un cortometraje
corre tras el cristal de la ventana en el que algunas veces veía
reflejado a Kerouac, a mí, o los dos juntos.Llegó
la noche y las sombras hicieron la habitación cada vez más estrecha,
minúscula y pequeña. La oscuridad o el tiempo vaciaron las copas, la
botella de vino, consumió los cigarrillos, las palabras y, se llevó el
humo. La noche nos arrastró ahí afuera, nos tumbamos a ver las
estrellas. Había un sitio donde dormir en el porche, y allí es donde
Jack dijo que quería retirarse a descansar. Yo volví a mi habitación
desde donde veía al escritor ahí afuera, en el porche, tumbado,
observando el cielo, mientras consumía los últimos cigarrillos sin marca
que Dean le regalaba.
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