martes, 24 de enero de 2012

Lejanas realidades

Esta noche, he encontrado la llave que abre la puerta de los sueños, he despertado, cuando quería seguir durmiendo, he soñado, lejanas realidades.He visto gigantes, almas que viajan entre la espesura de frondosos bosques, locos andando con las manos, riendo, cantando, gritando. He visto a las fotografías pestañear en la oscuridad de paredes que parecían hablar, he viajado, por las frías y profundas realidades, donde la arena de los relojes son universos que se agolpan en el estrecho cuello del cristal, obstruyéndose, no dejando pasar nada más. Ni tan siquiera el tiempo que trascurre en los sueños como los relojes de queso fundido que se deshacen poco a poco para perderse y perecer en un mar, que es el camino de ida y vuelta hacia cualquier parte. He creído hablar con personas que ya no están, o que ni siquiera sé si realmente han existido en mi más frenética realidad, porque no las he vuelto a ver más, porque en mi sueño es en el único lugar donde están. No, espera, no hagas ruido, no despiertes. Bajo las luces ambarinas de una lámpara alguien parece jugar con utensilios de cocina, me doy cuenta que esa luz amarilla que veo, es una luz que sólo he visto en sueños, ilumina a alguien que con todo el tiempo del mundo está cocinando un gran pastel, una coca de llanda, huele a bizcochos con chocolate. Estoy despertando, en la habitación se abre un cajón que emerge desde una de las paredes. Es un cajón vació, que no contiene nada, absolutamente nada más que sombras que ahora mismo podría coger y despedazarlas como nubes de algodón rosa. Pero son sombras negras, humo condensado. He de irme, he despertado.

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