Las fotografías son como la parte muda y silenciosa de la vida.
La
brisa invernal zarandea los carrizos y algunas aves precipitadamente
levantan el vuelo cortando con sus alas la fina lámina de agua. El cielo
se ve plagado de siluetas que viajan de unas charcas a otras, de una
fracción de terreno a otra. Bajo el cielo azul, las aguas reflejan con
turbulencia las nubes, el vuelo de las garzas, los cañizos y las torres del tendido
eléctrico que recorren cientos o miles de kilómetros, atravesando
distintas regiones. Huele a brisa, a sal, huele a arroz y orilla de mar.
Y las sensaciones llegan a nosotros como el recuerdo de algo lejano, y
que se manifiesta como el grácil y silencioso vuelo de las aves, como la
vida en plena libertad.

No hay comentarios:
Publicar un comentario