miércoles, 22 de diciembre de 2010

Los pasos, el tiempo, tu mirada.

Un instante perdido, la mirada hecha pedazos, los pasos, los rostros.
Y el tiempo... como el mar. Nunca se detiene.
Pudimos detenernos, para el espacio esto no es nada, tan sólo somos un momento, un instante perdido. Miraremos hacia arriba, hacia el cielo, y no veremos nada. Quizá en nuestras cabezas vuele una mariposa, y sus alas sean como los párpados que por sí solos hablan, me dicen, me cuentan, me tocan, con su mirada. Cual lejana estrella, tus ojos brillan, centelleantes, tus ojos verdes. Fragilidad, tan etérea, lejana, inmóvil, que detienes mi vida y hielas mi sangre.


A tus ojos, que sonríen.

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