martes, 20 de julio de 2010

Horizonte de mis ojos, a la mar.

La mar eran unos labios, unos tiernos labios de agua que se zambullían en mi piel de arena, tan caliente que a la mar le encantaba atrapar para sus adentros, donde sus manos se contorneaban entre mis olas. Y la mar, abría su boca de sal, y su aliento era la brisa que me acariciaba haciendo remolinos con los dedos como jugando por mi espalda. Y en un ininterrumpido canto nos abrazábamos como en una caricia de aire que recorre nuestros cuerpos. Las olas esbozaban sus susurros como los leves parpadeos del sueño, que sonaban a mar, y que hundían mis pies tan despacio que no tenía tiempo para darme cuenta de que ella, la mar, me había vuelto a atrapar.


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