La casualidad que te lleva hasta el horizonte, sin apenas buscarlo. Notar como la vida tiene una pausa que nos deja respirar, que llega lentamente como un manto nubiloso, como un cielo purpúreo y rápidamente se esfuma, se diluye su paisaje umbrío y enigmático. Todo dura apenas unos instantes, sin el pesar del tiempo, el tiempo es otra cosa, algo frívolo, que es como hay que tomárselo. Durante ese estado los sentidos se sumergen y se funden como los colores entre las luces, y es aquí donde comenzamos a viajar, donde nuestros sentidos nos elevan y nos transportan hasta donde la vista nos alcanza. Es donde me encuentro ahora, sin entender nada. La luz del sol cada vez es más débil y los magníficos colores que componían el cielo ya se han apagado. Hemos escuchado el lenguaje del cielo, la constante naturaleza cambiante, hemos sentido su respiración, sus orígenes: la vida, en su latir eterno.
sábado, 6 de noviembre de 2010
Horizontes
La casualidad que te lleva hasta el horizonte, sin apenas buscarlo. Notar como la vida tiene una pausa que nos deja respirar, que llega lentamente como un manto nubiloso, como un cielo purpúreo y rápidamente se esfuma, se diluye su paisaje umbrío y enigmático. Todo dura apenas unos instantes, sin el pesar del tiempo, el tiempo es otra cosa, algo frívolo, que es como hay que tomárselo. Durante ese estado los sentidos se sumergen y se funden como los colores entre las luces, y es aquí donde comenzamos a viajar, donde nuestros sentidos nos elevan y nos transportan hasta donde la vista nos alcanza. Es donde me encuentro ahora, sin entender nada. La luz del sol cada vez es más débil y los magníficos colores que componían el cielo ya se han apagado. Hemos escuchado el lenguaje del cielo, la constante naturaleza cambiante, hemos sentido su respiración, sus orígenes: la vida, en su latir eterno.
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